Nuestra historia.
Dominga nació en Argentina, pero floreció en Madrid.
Y aunque detrás de este proyecto esté yo, Aldi, siempre hablo en plural. ¿Por qué? Porque Dominga es comunidad. Porque, en realidad, nunca estoy sola. Siempre hay manos que aparecen cuando todo se desordena, amigos que sostienen, familia que acompaña y palabras de amor que llegan justo cuando hacen falta.
Dominga es mía, sí. Pero también es de todos los que creen en ella.
Mucha gente me pregunta: ¿por qué flores? ¿No era más fácil abrir una cafetería?
La respuesta es simple: porque las flores me acompañan desde siempre.
Mi historia con ellas empezó mucho antes de que yo lo supiera. Empezó con Domingo, mi papá: florista, charlatán, apasionado de los caballos y enamorado de la vida. Y siguió con Susi, mi mamá, esa persona a la que le florece hasta un cactus, que teje y cocina como los dioses, y que nunca dejó morir el amor por la naturaleza, las plantas y los espacios llenos de verde.
Hoy mi papá es una estrella fugaz que me acompaña desde otro lugar, pero ambos siguen siendo la raíz de todo esto. Gracias a ellos aprendí que las flores no son solo flores: son emociones, recuerdos, abrazos y formas de decir lo que a veces no encontramos en las palabras.
Y si retrocedemos una generación más en la historia familiar, aparece otra señal curiosa: una de mis abuelas se llamaba Rosa y la otra Margarita.
¿Estaba predestinada a dedicarme a las flores? No lo sé.
Lo que sí sé es que una vez que entras en este mundo, ya no hay vuelta atrás.
No hay título de abogada que reemplace lo que siento cuando trabajo entre flores. No hay empresa estable que me genere esta sensación de felicidad. No hay nada comparable a la alegría de alegrar a alguien.
Porque todavía no conocí a nadie que no sonría al recibir flores.
Y si yo puedo ser el puente que conecta ese momento, entonces siento que estoy exactamente donde tengo que estar.
El universo Dominga recién empieza. Está creciendo y transformándose. Será grande.
Por eso me encanta que me acompañes en este camino tan especial, tan desafiante y tan feliz.
Gracias por llegar hasta aquí y bienvenido al universo Dominga.